Al inicio de nuestra vida fraterna y
para responder mejor a la misión que nos ha sido
confiada, contamos con un período de dos años
dedicado a la formación y a la profundización
de nuestra vocación.
En
este período las fraternas nos preparamos espiritual,
intelectual y físicamente para poder vivir la
disponibilidad a la que el Señor nos ha llamado
y poder responder a los desafíos que el mundo
de hoy nos presenta; a través de cursos para
la formación en la fe, de una oración
intensa y cotidiana, de ejercicios y deporte, retiros
espirituales, talleres de arte, entre otras cosas más.
Es
un tiempo para aprender a vivir en comunidad y desplegar
así la vocación a la que el Señor
nos llama.
Por
lo tanto, viviendo estos dos años con mucha intensidad
y alegría, el Señor nos muestra el camino
y nos confirma personal e interiormente nuestra vocación.